Equipaje

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maletaSabés que pasa nene”, le decía la abuela Genoveva a mi padre, hace como 25 años, cuando ella ya tenía 80, “yo a esta edad ya no ceno”.

Y mientras lo decía, fileteaba media longaniza (Si, dije media y dije longaniza) y se la masticaba con pan. Y no tenía dientes la abuela Genoveva. La encía se le había endurecido como a una tortuga y arrancaba los pedacitos noche tras noche, año tras año.

Y para bajar el embutido, mi bisabuela bien tana pero nacida en Brasil mientras su madre llegaba a Buenos Aires, se llenaba un plato de sopa, abría una botella de vino bueno y tinto y le daba vida al caldo con un poco más de medio litro. Que le echaba al plato, aclaro. También noche tras noche y también año tras año.

Hábitos que resultaron en casi 100 años de vida. Y en mantenerse firme en la convicción de que ella no cenaba. No era mentirosa, era un paradigma, un esquema, una mirada. Para vos, qué es una cena?

Con estos antecedentes sanguíneos es bastante más sencillo comprender la tozudez con la que encaro algunas cuestiones. Firmemente convencida y peligrosamente convincente. A la mierda pero con decisión. (También sería más sencillo comprender mi alimentación pero para qué nos vamos a meter en esto, no?…)

Y en esa misma línea, decido y proclamo que este costado simpaticón (No para los demás, claramente) de mi existir no está entre las muchas cosas que he de mejorar. No por ahora. Y después del ahora quién sabe qué hay.

En esa tesitura arrancamos el 2011. Aceptando que en realidad nada cambia porque cambie el número pero renovando la creencia en que se cambia si se desea. Y si luego uno se rompe el orto trabajando en consecuencia, claro.

Y entonces, luego de reinventar las esperanzas, brindar hasta el cansancio prodigando buenos deseos para el mundo todo y creer realmente que podemos ser mejor, me pase el primer día del año nuevo haciendo una de las cosas que más me angustia en el mundo: Valijas.

Me dirán, en un reduccionismo idiota que me enfurece, que no me queje que uno hace valijas para irse de vacaciones. Y? Me anula, me convierte en una tarada que hace listas, va y viene, calcula la cantidad de bolsos y de corpiños como si fueran la fórmula de la bomba atómica y que finalmente prefiere quedarse para siempre agotada y acostada. Obtusa y mirando por la ventana a la nada misma.

Este año logré no entrar en crisis. Y me llevó un día pero terminé. Y no sentí ninguna satisfacción. Satisfacción es no hacer valijas.

Para semejante tarea seguí el consejo de una amiga que, despreocupada, y según me dijeron, desde la reposera de su terraza y tomando mate, me dijo: Hacé fácil. Llevá todo.

El baúl de mi auto es extraordinariamente grande. Y así y todo las nenas viajaron entre bolsas y bolsos, mochilas y cables. Guitarras y zapatos. Comida y remedios. Ropa y juguetes. Computadoras y perfumes.

Pero llegamos y empezó el año. Estas vacaciones tempranas en el campo van transcurriendo entre champaña en la galería y juegos de mesa con las nenas. Tinto abajo del pino, asado y libros. Cerveza en la pileta e inflables de colores. Un silencio que me aplasta. Siestas con sexo y banda sonora de ventilador de techo. Familia, amigos, hormigas, bizcochos de grasa, la ruta a lo lejos y un sol que raja la tierra. Ensaimadas y pasto. Perros y flores. Teros, sapos, besos y mis circunstancias.

Me traje todo decía. Básicamente no conozco otro modo de viajar. O de vivir.

Y va a empezar el año y terminarán las vacaciones y en cualquier momento estaré armando el arbolito otra vez, en el caso de que lo desarme digo. Pasada cierta edad, un año no es nada y me refiero a la proporción. Y con paz luego de muchas guerras, me relajo en la trinchera porque hace mucho que casi siempre es un año más y casi nunca un año menos.

Mientras, al día de la fecha, afirmo que aún no cambió nada. El realismo mágico no es una buena idea para la concreción de proyectos en la vida real (Ni para otras cosas). Bueno, cambió el calendario que lo único que garantiza es que los primeros meses vas a tener que corregir el año en todo lo que escribas.

Los piquetes siguen cercando Buenos Aires; el jean que no te entraba menos te entra luego de tanto agape, si te llevabas para el orto con tu jefe no ha cambiado y si no llegabas a fin de mes solo es un nuevo comienzo para llegar a un mismo y duro final. Si tenés roto el corazón capaz se te arregla, pero no cuando diga el almanaque.

Sin embargo, y no soy de balances ni de objetivos, si repaso, y recalculo, y hago un mix (sangre tana, mezclo todo) me permito la esperanza y me prometo el esfuerzo de enfrentar, cara a cara, lo que duele. Como hacer las valijas. Y que sea, entonces si, para ponerlo todo. Y dispuesta a seguir en carne viva (demasiada carne para mi gusto, volviendo a la alimentación…) casi me siento en condiciones de asegurar, como Genoveva, que una sopita y una longaniza no son una cena. Y gozar como loca de la certeza. Y del vino en el caldo.

Y entonces, ahora si, que se venga el 2011.

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5 comentarios

  1. Al fin me siento identificada con alguien, hasta recién me sentía sapo de otro pozo porque cuando llega diciembre y todos se revolucionan como si llegara el fin del mundo, yo los miro asombrada tratando de entender.
    Tampoco hago balances a fin de año y siento que paso de diciembre a enero de la misma manera que paso de julio a agosto. Y eso que cumplo años el primer día del primer mes del nuevo año.

    Mi bisabuela era rusa y hacía una sola comida por día: empezaba a comer cuando se levantaba por la mañana y no paraba hasta el anochecer.

  2. Fechas de mierda, donde aunque no quieras haces balances como si todo tuviera que cerrar sí o sí el 31/12 y todos sabemos que no es así. El saldo queda y te pasa factura, y hasta a veces por muchos 31/12 más.

    Saludos

  3. querida Beta, cómo te entiendo, si habré llevado cosas! y haber repetido esas acciones ensambladas entre mis ancestros y mi adn, pero bueno, el libre albedrío de la mitad de la vida, me trajo el aprendizaje, de que s´lo una mochila es necesaria, y el primer paso del viaje, cualquiera sea. Besos a la familia toda (los que están y los que vinieron antes también, para que estemosacá)

  4. no tengo claro porqué estoy leyendo este post en enero de 2013, pero sí estoy feliz de no haber hecho valijas aún. Y en el 2011 decidí que en lugar de valijas era mejor poner una sábana en el baúl y sobre ella todo lo que pareciera útil para mis vacaciones de playas rústicas. Te lo recomiendo.

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