Hijos adolescentes: las batallas que perderemos

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Nos pasamos la vida educando a nuestros hijos. Cuando crecen y son adolescentes, nos preguntamos: ¿tan mal hicimos las cosas?

Antes de que nazcan, ya lo sabemos: queremos lo mejor para nuestros hijos y vamos a esforzarnos para darles todas las herramientas que creemos que los harán personas de bien, sea lo que sea que signifique esa expresión tan usual.

Lo cierto es que sí nos esforzamos mucho, porque los queremos más de lo que creíamos que se podía querer, y entonces nos lavamos los dientes dos veces porque la primera no nos vieron y deseamos que adquieran el hábito, los educamos todo el tiempo aunque estemos muy cansados o muy tristes, estamos presentes en sus días especiales pero también en los ordinarios, aunque dejemos cosas nuestras de lado, y hay un momento en el que empezamos a ver, con una emoción estremecedora, resultados de todo lo cosechado.

Nuestros hijos, todos con sus luces y sus sombras, son un primor. Y nosotros no podemos más del orgullo y empezamos a relajarnos. Esto ocurre más o menos un año, si tenemos suerte dos, antes de que entren en la preadolescencia. Y ahí, como arena corriendo entre nuestros dedos, vemos cómo ese ramillete de virtudes se convierte en un manojo de espinas para nuestro corazón sufrido de padres desolados.

Bueno, tanto no, pero es bueno saber que hay una lista de batallas que conviene dar por perdidas:

  • El orden: podemos defender las áreas comunes de la casa, pero a su cuarto mejor ni entremos.
  • El aseo: no importa el tiempo invertido en hábitos ni el dinero gastado en productos. Se me ocurre que un efecto colateral de la adolescencia es la disminución del olfato. Si no, no se entiende.

Seguí leyendo el resto de las batallas que vamos a perder acá. (Hacé click).

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