La ardua tarea de hacer la tarea

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TareaNo importa cuántos hijos tengas, volver a cursar primer grado es siempre una experiencia reveladora.

El upgrade de jardín de infantes a la primaria está lleno de transformaciones, experiencias nuevas, maduración y descubrimiento. De todas esas cosas, aprender a leer es para mí uno de los “antes y después” más radicales para cualquier ser humano. Te incluye y te relaciona, pero sobre todo te permite usar palabras de otros para ponerle nombre a tus propias circunstancias, las reales y las que soñás. Eso es leer.

Para los nenes, y para sus padres, aprender a leer es una travesía fantástica, una aventura de exploración que sienta las bases de cuestiones fundamentales en la vida de la gente, como la independencia.

Ahora, como ese escenario romántico se convirtió en un infierno de padres preguntando por whatsapp qué quiso poner el nene en la libreta de tareas, no lo comprendo. Para empezar, no recuerdo nada del primer grado de La Mayor. Y eso que hasta escribí un manual. Debe ser un mecanismo de preservación de la especie.

La Menor manifiesta una decidida falta de interés en cualquier cosa que no sea jugar y, como para cumplir, me muestra un par de vocales a modo de tarea resuelta. Exagero entusiasmo y le pregunto qué escribió, ella no fuerza ni un poquito la desidia y me responde que no tiene idea porque no sabe leer. Y se va arrastrando la mochila con brillos que le gusta mucho más que cualquier cosa que pueda tener adentro. No silba porque no sabe.

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