La maternidad cambia el significado de las palabras

1

Es un estado en el que todo toma un nuevo sentido. Y nadie nos avisa de estos cambios.

La maternidad atraviesa todas nuestras facetas: la familiar, la profesional, la de los placeres. Modifica nuestro cuerpo y los horarios. Transforma nuestras ideas y juicios. Nos desordena las prioridades y muchas de las verdades que dábamos por absolutas se nos caen a pedazos (junto con algunas dudas).

Claro que con el tiempo mucho de esto se acomoda, toma una nueva forma que nos encanta y recuperamos esas zonas exclusivas, sin hijos, que nos hacen felices y que, les juro, no nos convierten en malas madres.

Ahora, sería ingenuo no aceptar que la maternidad es, entre otras cosas, postergación. Feliz, sí, pero postergación al fin. Esto ocurre, sobre todo, cuando nuestros hijos son chiquitos. Y ahí mismo nos encontramos diciendo las mismas cosas que decíamos antes, pero que ahora tienen otro significado, muchas veces diametralmente opuesto.

  • Ponerse linda. Antes, pasar por un día de spa completo. Ahora, lavarnos el pelo y pintarnos todas las uñas.
  • Comer bien. Antes, plan de nutricionista y/o cena gourmet en un restó temático de difícil reserva. Ahora, comer un plato propio y no las sobras del puré de espinacas del niño.
  • Sueño reparador. Antes, ocho horas de corrido y con almohada premium y anatómica. Ahora, tres horas de corrido o seis con intervalos. Con suerte, sin hijos en nuestra cama.
  • Estudiar. Antes, el posgrado que tanto nos costó o ese curso que estaba primero en nuestra lista. Ahora, poder leer con detenimiento el manual de uso del sacaleche.
  • Cita romántica con nuestra pareja. Antes, película, cena con velas y despertar sin apuro y abrazados. Ahora, lograr consumar nuestro amor sin que nos abran la puerta y luego a dormir rápido las pocas horas que nos quedan hasta que suene el despertador. O llore el bebé.
  • Estar con las últimas tendencias. Antes, conocer la ruta más moderna de la ciudad de bares y restaurantes. Ahora, ser expertas en el mejor circuito de peloteros infantiles.
  • Aprovechar el aire libre. Antes, salir a correr a la mañana, caminar al atardecer y hacer un picnic de revista en un parque florido de la zona más linda de nuestro barrio. Hoy, ir a la plaza y volver sin que el niño haya tragado arena o perdido una zapatilla.
  • Ropa cómoda. Antes, un equipo deportivo divino, de diseño y ajustado solo en los sitios necesarios. Ahora, ese mismo equipo, ya casi sin elástico, varios años después.

Seguí leyendo este post acá. Hacé click. 

Compartir.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Pingback: Por si me muero

Dejar una Respuesta