La muerte de Papá Noel y otras cosas que pasan cuando él no está

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 Navidadcutre

Me levanté temprano y despacito. Mi cama grande estaba llena de hijas. El sol del sábado las iluminaba con gracia y me recordaba los motivos por los que no debía darlas en adopción a pesar de todo lo que me habían pateado durante la noche. Me escapé a la cocina y ya con el café en la mano me senté en la compu: Tenía que escribir. La mañana venía silenciosa y propiciosa pero apenas puse un dedo en el teclado se abrió la puerta de mi cuarto y apareció La Menor con todos los pelos en la cara, Samara pero rubia, y esa actitud desafiante que fácilmente se traduce en: Hola, vengo dispuesta a cagarte el momento y ahora mismo voy a pensar qué provecho le puedo sacar a la situación.

El tesorito lo resolvió rápido:
Ma, puedo desayunar mirando una peli?
Sí. (Total mi maternidad será juzgada por cosas mucho más tremendas que estas).

Yogur, cereales, jugo de naranja y Netflix. Ella triunfante en el sillón, yo volviendo a mi silla dispuesta a aprovechar la hora y cuarto que me daba la película porque no había posibilidad alguna de que La Mayor se despertara. Sobre todo porque tenía que estudiar.

Ma, qué es excepción? Disparó la pequeña desde la trinchera de almohadones e impunidad.
Es lo que se sale de lo que hacemos siempre, lo que es diferente a lo común. (Como que estés desayunando mirando tele pensé, pero no se lo dije).

Y es además una palabra que usamos mucho cuando el hombre de la casa está de viaje, algo que es bastante habitual. Por excepción comemos en la mesa ratona, por excepción hacemos casi todo cuando el no está. Como un tiempo detenido en el que reprimimos algunas cosas porque no queremos que se las pierda y reforzamos otras porque tenemos la casa tomada, es una casa de chicas.

Volví a sumirme en mi texto, las madres en general tenemos una capacidad asombrosa para concentrarnos en muy poco tiempo, es decir, en el tiempo que tenemos. Optimización de recursos. Ley de superviviencia. Pensé qué iba poder…

Ma… ¿Papá Noel existe?
– ….

Después de las ganas iniciales de matarla, me enterneció la cantidad de cosas que se ponen en juego en esa pregunta y pensé cuánto tiempo la habrá tenido trabada en la garganta. Hay que ser valiente para preguntar algunas cosas porque saber tiene un costo.  Los tibios nunca quieren saber, no preguntan, pero lo que se calla pesa más que lo que se dice. Saber tiene un costo, decía, pero no saber sale más caro. Me corrí de la épica cuando recordé que la piba tiene una habilidad especial para hacer preguntas trascendentes cuando el padre está de viaje.

Cuando el padre está de viaje nosotras contenemos a los gatos que lo extrañan y de paso nos contenemos nosotras. Lo interpelamos todo el tiempo y por todas las vías de comunicación posibles: que comió, por donde paseó, a quién conoció, cómo le va, cómo es el hotel, qué auto tiene, qué película vio,  etc. Comemos todo lo que a él no le gusta. Ordenamos cajones olvidados porque no sabemos tejer, como Penelope.  Lo extrañamos cuando ya falta poco para que vuelva (Extrañarlo desde antes es muy doloroso, no nos lo podemos permitir). Lo alentamos a que disfrute, a que conozca, a que crezca, a que valga la pena. Lo mandamos a comprarnos cosas de chicas, raras y complicadas. Los padrinos mágicos se ponen en modo turbo, la familia y los amigos nos rodean y una vez más confirmamos que somos muy afortunados. Seguimos la rutina y, por una vez, la valoramos. Lo nombramos todo el tiempo porque lo extrañamos todo el tiempo.

Cuando el padre está de viaje ellas se aprovechan y conquistan excepciones. Duermen en mi cama y me quieren hacer creer que es por amor a mi y no a la tele. La Menor hace una cadena con ganchitos de oficina y saca un ganchito por día y nosotras controlamos, como si el olvido hiciera que el retorno se demore. La Mayor madura por ese periodo pero sólo de a ratos.

Cuando el padre está de viaje yo soy viuda (Dice, proyectando deseos, mi padre). Agradezco que finalmente está de viaje, porque hasta que no se va no puedo empezar a descontar los días que faltan para que vuelva. Duermo con pijama. En realidad casi no duermo. Velo su travesía, como dejando una luz prendida por si necesita volver a casa de repente. Miro programas de asesinatos hasta cualquier hora. Muevo mi reloj para saber en qué hora vive sus horas él. Estoy alerta, soy la guardiana de lo único que de verdad nos importa en la vida. Lo extraño en lo práctico pero mucho más lo extraño en el disfrute. Cualquiera puede con la logística familiar, lo indelegable es el placer. Se me va la ansiedad por el último capítulo de la serie del momento, si yo pudo esperarlo, la serie también. Lo extraño yo, lo extrañan mi cabeza y mi charla, lo extrañan mis huesos y mi hálito. De a ratos sólo una parte y de ratos todos junto.  Yo añoro la soledad y él la detesta. Cosas de la tecnología, en el horario del trabajo mantenemos la cotidianidad del diálogo sostenido, ilusión que se desarma cuando se acaba el día y le cuento  cosas a Suárez, el gato, y ni se ríe ni me contesta.

Cuando el padre está de viaje todos odiamos los domingos. Y además siempre ocurre algo tremendo, como que nieva en Buenos Aires o La Menor descubre que Papá Noel no existe.

Esta vez, esta mañana, cerré la compu y me dediqué a explicare, con detalles, todo el temita:  No, no existe; Sí, los regalos los compramos los papás; Lo importante de la Navidad sigue siendo otra cosa; Hubo un cura que le dio origen pero no, no es el dueño de la fábrica de Barbies;  Sí, el Papá Noel transpirado y con zapatillas de la navidad pasada era el tío, y claro que te vamos a seguir comprando regalos. Para terminar, la clásica amenaza para que no divulgue la primicia entre los primos menores y a otra cosa.

Tal vez este tipo de revelaciones hace que ella, que es la más chiquita, sienta menos la ausencia. Como martillarte una mano cuando te duele una muela. Mientras cavilamos sobre la existencia de Papá Noel, el tiempo pasa más rápido y el padre vuelve.

A mi también se me pasa más rápido mientras charlo con ellas. Lo espero mientras escribo y confirmo que, en efecto, puedo vivir sin él pero que la vida juntos es muy, pero muy, buena.

Recalculo y recuento: Todavía nos quedan varios ganchitos para descontar, algunas noches con mi cama ocupada, una variedad de excepciones, Los Reyes y el Ratón Pérez.

Pero a esos, espero, los vamos a sacrificar en otros viajes, cuando sea necesario y lo valga la espera.

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