Las cosas que me gustaría hacer mientras paso el peine fino

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B - AR - Beta Suarez - Peine fino_732x412De las tareas maternales la que más detesto es pasar el peine fino. Hice unas instrucciones detalladas para engañarme y creer que tengo el tema, y el tedio, bajo control.

La pediculosis vive con nosotros. No importa qué medidas tomemos ni lo consecuentes que seamos o lo obsesionados que estemos con el tema. No importa cuántas recetas caseras probemos o cuántos productos compremos. Estoy segura, acabaremos con el pelos de las nenas antes de acabar con los piojos, y ya calvas, la presencia de los bichos será evidente. Diría que nos toman el pelo, pero temo pecar de literal.

Hay algunas tareas maternales que me encantan, otras que me dan igual y algunas que me desagradan. Pasar el peine fino está en pináculo de las últimas.

Para evitar el tormento general he evaluado, y descartado, varias opciones: que se lo pasen entre ellas (van a llamar a servicios sociales, ya me amenazaron), pelarlas, teñirles el pelo, hacerles rastras, adoptar a la colonia de piojos y tomarles cariño, encerrarlas en una habitación aséptica y que cursen en modalidad online hasta que tengan edad para hacerse cargo de sus propios piojos, pelarlas otra vez, etc.

Como el cartelito de “Ojo al piojo” sigue viniendo del colegio, junto con los piojos, resigné mis ganas de alejarme del elemento de tortura y redacté unas instrucciones para llevar a cabo la empresa, suponiendo que, como siempre, una vez que lo escribo, todo es más sencillo.

  • La base: Lavar el pelo, desenredarlo prolijamente, dejar que se seque pero no del todo. Aprovechar para reforzar conceptos: Si colabora es más fácil, lo hacemos por su bien, si terminamos más rápido somos todos más felices, ninguna de las dos queremos estar ahí, etc.
  • Preparación del individuo: Sentar a la criatura de espaldas, ponerle algún producto anti piojos si lo consideramos pertinente (y si es legal), ofrecerle alguna distracción consistente y amenazarla con quitarle la distracción. Rezar para que el niño se quede más o menos quieto, respirar hondo y empezar.
  • La tarea: Avanzar de a poco, mechón por mechón, de arriba a abajo, de un costado para otro, intentar no dejar surcos en la cabeza del niño, ir quitando los piojos del peine (si somos aplicados, liendres casi nunca habrá), arrojarlos con odio a un vaso con agua, empezar a contorsionarnos al compás de las maniobras de escape que intentan las criaturas, amenazarlas con todo lo que está detallado en los primeros párrafos, replantearnos si realmente hemos descartado la lista de las cosas que no se pueden hacer y resignarnos a la lucha sin premio, en la que si “ganamos” el cuerpo a cuerpo, solo será para seguir pasando el peine fino.
  • Mi estrategia (sucia): Hace ya un tiempo, en plena tarea y luego de pegar un par de gritos, comencé a enumerar las cosas que me gustaría estar haciendo en lugar de estar despiojando a la cría. Comencé tímida y terminé a viva voz y cada vez sumo deseos nuevos y más osados. Todos afanes a los que les voy tomando cariño, desde publicar un libro hasta volar o tener dientes fosforescentes. Me funciona a mí como distracción y calma a las fieras (no sé si por lo disparatado de las tareas que postulo o porque están pensando que su madre enloqueció y es mejor quedarse quietitas). Ellas suman su propia lista y es una fiesta.
  • El final: Cuando terminamos, junto con el alivio, y mientras el niño se escabulle rápidamente por si nos arrepentimos, sugiero contener el festejo (sobre todo si no hemos encontrado nada) porque es efímero. Tirar, con un gesto despiadado, el contenido del vaso. Limpiar el peine fino y guardarlo listo hasta el otro día.

Justamente al otro día, recordar que todo pasa (La Mayor ya se ocupa de su cabeza sola) y que está bien turnarse con el padre y con cualquiera que se ofrezca o que pase cerca y podamos engañar. También confiar en que el día de mañana no tendré que buscar a algún nieto (porque doy por sentado que los piojos nos van a sobrevivir a todos) para pasarle el peine fino y encontrarme en esa lista de tareas que me gustaría estar haciendo y que tal vez olvido cuando ya no tenga un ayuda memoria implacable, obstinado y recurrente como solo pueden ser los piojos.

O las madres cuando pasamos el peine fino.

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