Lo que me enseña mi hija cuando jugamos

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A pesar de mi incapacidad natural para hacer manualidades, parece que aprendí a hacer una flor. Y también cosas mucho más importantes.

Todos los que me rodean saben que para las manualidades soy un espanto. Incluso forrar un cuaderno me resulta una tarea faraónica y las maestras deben pensar que en realidad lo hacen las nenas, aunque debo ser justa, cuando los forran ellas quedan mejor.

Una amiga, que dice que me quiere, le regaló a La Menor un juego para hacer “flores”. Miré la caja y distinguí alambre, telas, pintura y moldes. Oculté el juego todo el tiempo que pude. Pero la chiquita, con una memoria poderosa para las cosas que le interesan, llegó al límite de la negociación y pasó a la amenaza de emancipación temprana. Ella no quería hacer flores, ella quería hacer flores conmigo.

Preparé los elementos sobre la mesa como si estuviera disponiendo los instrumentos para un trasplante de corazón, después de todo para mí son tareas que tienen casi el mismo grado de complejidad. Con el alambre y un molde hicimos pétalo por pétalo, después los unimos con paciencia y con un tallo también de alambre. Con otro molde hicimos dos hojas que incluso parecían hojas. Forramos, también con mucha dificultad, el tallo con una tela verde y leímos, con cierta decepción, que había que esperar 24hs. para que la creación esté terminada.

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