Los padres también tenemos secretos

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Hay decisiones que tomamos los padres que, aunque no nos definen, nos resultan difíciles de admitir. ¿Cuál es tu lista negra?

En el ejercicio intenso de la maternidad tomamos a diario miles de decisiones y sabemos que incluso las que parecieran que no tienen nada que ver con nuestros hijos repercuten directamente en ellos, como por ejemplo hacer un curso semanal, salir a cenar con amigas o comprar unas botas carísimas. Uno de los grandes desafíos de la maternidad es aprender a convivir con esta presión sin sentirla como un peso imposible y sobre todo, sin enloquecer.

También hay decisiones que tomamos relajados y sabiendo que, en el contexto adecuado, no nos definen como malos padres ni condenan a nuestros hijos a años de terapia. Sin embargo, las revelamos solo en ambientes muy íntimos y, por suerte y gracias a Dios, cerca del humor y lejos de la culpa.

  • Los Reyes: Si el niño es un bebé, podemos obviar el tema de poner los zapatos, el agua y el pasto. No sabe ni salir de la cuna, no nos va a auditar y muchos menos a reclamar por el desaire a los camellos.
  • Lactancia: Puede ocurrir que de modo continuo, habitual o esporádico, la lactancia no nos resulte ese momento mágico que describen los libros. Más allá de la voluntad y acompañadas por un profesional, tal vez abandonemos la tarea antes de lo que el momento histórico, nuestra suegra y esa revista femenina indiquen.

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