M de madre de dos

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corazesTener un hijo te cambia la vida, te modifica los esquemas (Además del cuerpo, claro). Esto no es ninguna novedad. Se han escrito infinidad de líneas al respecto. Con humor y con temor. Con liviandad y con demasiada seriedad. Hay textos para todos los gustos.

Se ha escrito mucho menos sin embargo sobre tener dos hijos, un segundo hijo. Muchos dirán que con el primero está todo dicho, que sólo se repite la experiencia. Yo sostengo otra teoría: Hay mucho menos porque las madres de dos no tienen tiempo ni para escribir la lista del super, mucho menos textos inútiles como este.

Ahora, que justamente están las dos dormidas, pasaré a enumerar unas sutiles diferencias que noto entre la primera y la segunda, así, sólo a simple vista.

Para la primera hicimos ecografía común y ecografía 3D. Le mentimos al médico para que nos haga ecografías de más. Salía a todos lados con el VHS en la cartera, por si tenían que hacerme una ecografía de apuro (??) y no quedaba registrada.

La ecografía más esperada de la segunda fue la que nos confirmó que era un feto “único”. Y no recuerdo si hicimos muchas más. Y no tengo a donde fijarme porque de VHS ni hablar.

A la primera le sacamos fotos hasta cuando la internaron porque se le hinchó la cara como un globo. Es como Gran Hermano pero estático (Bueno, es como Gran Hermano). Hasta del ombligo podrido tenemos fotos. Y además por mucho tiempo tuvimos el ombligo podrido, pero eso es para otra sesión. Si bien ya teníamos cámara digital yo mandaba a imprimir de a 100.

De la segunda hemos sacado mucho también. Pero menos. Y la única impresa es una en papel común en la oficina, que encima me quedó chica en el portarretratos. De todos modos este tema no me preocupa, si bien se llevan seis años parecen clonadas, y seguramente con el tiempo hasta yo me iré olvidando y podré asegurarle cándidamente a la segunda que por lo menos en la mitad de los álbumes la que está es ella.

A la primera la bañábamos todos los días. Un pompón era la nena de tanto jabón. Tenía patito de goma y un osito que largaba agua por la boca. Es que precisábamos mantenerla entretenida para sacarle fotos. A la segunda algunos días la hemos bañado. Básicamente cuando fue inevitable. En esas raras ocasiones juega con un tupper (limpio eh). Lo bueno es que cuando no la baño recuerdo qué le di de comer porque le veo el pegote del pelo y ya.

No es una cuestión de amor. Es una cuestión de recursos y de derecho de piso. Hablando de piso, hoy la pequeña estaba comiendo un pedazo de manzana, de ayer, que encontró en el piso, pero mal no le va a hacer, no?. La mayor comía menú especial, super variado, super nutricional. Y ahora es una gourmet, le gustan los langostinos y el “pescado rosa” (Salmón, $45 el kilo). La menor… bueno, la menor come manzana, recuerdan?

Cada una tiene su pieza. Pero a la menor le encanta ir a la pieza de la mayor. Ocurre que en la pieza de la mayor hay un casa de muñecas que me llega a mi a los hombros. Aproximadamente 15 barbies, 30 cajas de juegos, infinidad de marcadores, multitudes de maquillajes, un arcón lleno de disfraces. Y en la pieza de la menor está el mueble de planchado. Y bueno, es que llegó antes que ella. El mueble digo.

Y para ir terminando, eso de que por dos es más barato es una de las mentiras más grandes que escuché en mi vida. Está rankeada justo arriba de esa otra barrabasada que dice que el segundo parto te duele menos.

El amor es el mismo decía, la edad (la mía) no. Y si después viene algún reclamo de la chiquita simplemente le diré que estaba todo calculado para que ella sea fuerte y aprenda a pelear por sus cosas.

Y para los reclamos que, de todos modos, me hará la primera… ay, no se… lo tendría que haber pensado antes, ahora no tengo tiempo. Soy (entra otras cosas) madre de dos.

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