Saber ser niño para poder ser adulto

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B - AR - Beta Suarez - Dia del niño_732x412El Día del Niño me hace pensar en esas cosas de la niñez que hemos perdido en el camino y que hoy, por suerte, irradian nuestros hijos.

Se acerca el Día del Niño y hacemos malabares para que el jueguete que la criatura desea esté disponible en nuestro país y no cueste más que la cuota del crédito hipotecario. Mientras, publicidades en la tele, columnas en los diarios, las colectas solidarias (A Dios gracias) y todo alrededor nos apela y nos pide rescatar al “niño que tenemos dentro”.

Como características de ese niño que nos impulsan a recobrar, están el juego y el asombro, la imaginación como recurso omnipotente, la velocidad para aprender, el abrazo como aire para vivir, la música como constante, la experimentación como método y la sencillez para resolver los problemas.

Pensaba que muchas veces “los grandes” nos alejamos de esas circunstancias, las de la niñez, para evitar la melancolía de nuestra infancia con sus luces y sus sombras (ambas tremendas). No se me ocurre por qué alguien abandonaría el seno materno por propia voluntad. A los 18 sí, me refiero a antes. Creemos que hay tonos que son solo de la niñez y nos despojamos de ellos como un mecanismo de defensa para avanzar. Y nos equivocamos.

Una vez que descarté el porta lápices de lata de tomates para La Mayor y el collar de fideos para La Menor, devolución de cortesías, me concentré en una idea perturbadora: Creo que solo siendo grandes, y padres, es que podemos transmitirles a los nenes la confianza necesaria para crecer sin perder aquello que les celebramos cuando son chiquitos. El juego por ejemplo, o la música. Pero por otro lado, si nosotros lo hemos negado a nosotros mismos, no habrá modo de que nos crean.

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