Su tormenta y mi dentista

0

DentistagrandeLos padres tenemos miedos que no tienen que ver con nuestros hijos pero que no quisiéramos heredarles. ¿Podemos evitarlo?

Tenía unos 6 o 7 años y caminaba agarrada del cochecito de mi hermana que empujaba mi madre. El ambiente de la siesta de verano de mi pueblo está siempre en mis destinos como uno de los sitios a donde vale la pena volver para encontrarme. Esa siesta de hace tantos años se puso gris y antes de la primer gota el cielo explotó en un trueno de esos que te suenan adentro de la cabeza. Mamá manoteó a mi hermana y nos tiró a las dos al piso y ella encima. Contradiciendo su impulso no fue el fin del mundo, el trueno se alivió con la llovizna y mi madre se levantó, me sacudió la ropa y siguió caminando como si nada. Ya todos sabíamos que esa mujer tan valiente, capaz de ponerle el pecho a las balas y el corazón a lo que haga falta, le tenía terror a las tormentas. Hoy mismo no se tira al piso con cada trueno pero siguen sin gustarle ni un poquito.

Una vida después, hace muy pocos años, La Mayor estaba sentada en el sillón del odontopediatra. Las manos apretadas y transpiradas, el ceño fruncido, los ojos chiquitos y los nervios de punta. Esa era yo, parapetada en una punta del consultorio, porque ella estaba tranquila y feliz negociando los guantes con el dentista. El profesional me miró de reojo y preocupado por su paciente, me preguntó si podía esperar afuera para que mi terror no le doliera en la boca a la nena.

Seguí leyendo este texto acá. (Hacé click). 

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta